Frases del FAUSTO DE JOHAN W. GOETHE (Primera Parte)

  • ...Supongamos que a mi me gustase hablar de ella...
  • Tratad de sólo confundir a los hombres, que agradarles es difícil...
  • Y preguntas cómo marcha todo entre nosotros, y ya que de ordinario con agrado solías verme, así también me ves entre el celestial cortejo. Disculpa, no sé expresarme de modo grandilocuente, y aún cuando el séquito de mi haga mofa, mi solemnidad te haría reír seguramente, si no hubieses perdido la costumbre de reír. Del sol y de los mundos no sé decir gran cosa, yo sólo veo que los hombres se atormentan. El diocesillo del mundo sigue siendo el de la misma laya, y es tan extravagante como en su día primero. Un poco mejor viviría, si tú no le hubieses dado la ilusión de la luz del cielo; la llama razón y la emplea únicamente para ser más bestia que todas las bestias.
  • ¿No tienes otra cosa qué decirme, es que sólo has de venir a presentar queja? ¿No habrá jamás en la Tierra nada que sea de tu agrado?
  • ¡Oh, si tú, claro de luna, por última vez vieses mi pena, tú, a quien más de una noche sobre este pupitre esperé en vela; luego sobre libros y papeles, cual triste amigo te me aparecías!
  • Suplicas jadeante por verme, por oír mi voz, mi rostro contemplar; me inclina la poderosa súplica de tu alma. ¡Aquí estoy!.
  • ¡Qué lastimero espanto se apodera, superhombre de ti!. ¿Dónde está el grito del alma?¿Dónde está el pecho que un mundo en si creó, y lo llevó y cobijó, y que temblando de alegría se hinchó alzándose, hasta igualarse a nosotros los espíritus? ¿Dónde estás Fausto, de cuya voz oí el sonido, ese que, con todas sus fuerzas, se afanaba por llegar a mi?. ¿Eres tú, ese que, animado por mi hálito, hasta en lo más recóndito de su alma tiembla, un medroso gusano retorcido?
  • ¿Y he de retroceder ante ti, quimera de las llamas?
  • ¡El instante más feliz de mi vida será reducido a la nada!. ¡Que esa visión tan sublime haya de ser perturbada por un insulso corazón!
  •  Vuestros discurso, que tan bien emperifollais para presentarle a la humanidad monas vestidas de seda, ¡son sofocantes como el viento brumoso que en el otoño susurra por entre las hojas secas.
  • ¡Cuántas veces siento en mis esfuerzos árticos que la cabeza me da vueltas y se me amedrenta el corazón!
  • Y pensar que la esperanza jamás abndona a la cabeza que se aferra sin cesar a bagatelas y que, con mano ávida, cava en busca de tesoros y se contenta cuando lombrices encuentra. ¿Puede resonar semejante voz humana aquí donde me rodeaba la plenitud de los espíritus? Y, sin embargo, ¡ay!, por esta vez te lo agradezco, a ti, a la más miserable de las terrestres criaturas, pues me sacaste de la desesperación que amenazaba con romperme los sentidos.
  • En aquel instante afortunado me sentí tan pequeño, tan grande; tú me rechazaste cruelmente, devolviéndome al incierto destino humano.
  • La inquietud anida pronto en las profundidades del alma donde provoca dolores misteriosos, así se agita inquieta y destruye el placer y el reposo, ocultándose continuamente tras máscaras nuevas, pudiendo presentarse así como casa y hacienda, mujer e hijo, como fuego y agua, puñal y veneno; temblamos entonces por cosas que no existen y sin cesar lloramos lo que no hemos perdido.
  • ¿Por qué se clava mi mirada en aquél punto? ¿Es aquella botellita un imán para mis ojos?¿ Por qué de súbito me siento tan dulcemente iluminado, como cuando en el nocturno bosque nos envuelve el fulgor de la luna?
  • Te veo y el dolor se alivia, te toco y el dolor decrece.
  • ¡Ay que no me levanten del suelo unas alas para lanzarme hacia él y siempre hacia él!
  • Vería, a través de un eterno destello vespertino, un mundo silencioso postrado ante mis pies.
  • Nunca al que envidiaré sus alas
  • De qué distinto modo nos llevan los placeres del espíritu, de libro en libro y de página en página.
  • Dos almas, anidan en mi pecho, y cada una por separarse de la otra pugna; la luna, en sus ansias groseras de amor, al mundo se aferra con órganos prensibles; la otra se eleva con vehemencia del polvo hacia las comarcas de antepasados excelsos. 

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